Cuando un vencedor comete un error dice: “Lo siento, me equivoqué”.
El perdedor se excusa y dice:“No fue mi culpa”
Un vencedor trabaja duro y siempre tiene tiempo.
Un perdedor está siempre ocupado para hacer lo que es necesario.
Un vencedor enfrenta y supera los problemas.
Un perdedor da infinitas vueltas y no consigue soluciones.
Un vencedor se compromete.
Un perdedor solo hace promesas.
Un vencedor dice: “Soy bueno, pero me gustaría ser mejor”.
Un perdedor dice: “Yo no soy tan malo como tantos otros”.
Un vencedor escucha, comprende y responde.
Un perdedor solo espera una oportunidad para hablar.
Un vencedor respeta a aquellos que son superiores a él y trata de aprender algo de ellos.
Un perdedor resiste a aquellos que son superiores a él y trata de encontrar sus defectos.
Un vencedor se siente responsable por algo más que solo su trabajo.
Un perdedor no colabora y siempre dice: “Yo solo hago mi trabajo”.
Un vencedor dice: “Debe haber una forma mejor de hacerlo”.
Un perdedor dice: “Esta es la forma que siempre lo hicimos”.
Un vencedor comparte este mensaje con los amigos.
Un perdedor lo guarda para si mismo porque no tiene tiempo.
Actualmente, el deporte de competición ha cambiado radicalmente. Lejos quedan los años en los que la actividad del jugador profesional se limitaba a entrenamientos técnicos-tácticos y a la disputa de partidos. El cambio que ha sufrido el tenis en estos últimos años, ha obligado al tenista profesional a convertirse en un atleta completo.

















